Manuel Benedito Vives

Manuel Benedito Vives (Valencia, 25 de diciembre de 1875 – Madrid, 1963). Prolongó la tradición de la escuela valenciana del siglo XIX hasta muy avanzado el siglo siguiente.

Discípulo de Joaquín Sorolla, se matricula en 1888 en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, donde estudia bajo la dirección de Salvá y Vilá. En el año 1894 entra en el taller de Joaquín Sorolla, y en 1896 viaja a Madrid con su maestro, donde realiza ilustraciones para La revista moderna y Blanco y Negro.

Pensionado de 1900 a 1904 en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, viaja por Francia, Bélgica y Holanda, fijando su residencia en Volendam en el año 1909.

Entre sus exposiciones individuales destacan las celebradas en la Sala Amaré en 1907, y en los Salones de Blanco y Negro en 1910. Cultivó el retrato, el bodegón, los tipos locales y los paisajes.

En 1918 fue nombrado Asesor Artístico de la Real Fábrica de Tapices. Académico en 1923 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, ejerció como profesor de colorido y composición en la Escuela de San Fernando, sustituyendo a su maestro Sorolla. Posteriormente fue nombrado Director de la Escuela.

En 1925 es nombrado Miembro Correspondiente de la Hispanic Society of America de Nueva York, vocal correspondiente de la Academia Nacional de Bellas Artes de Lisboa, y en 1941 presidente del Patronato del Museo Sorolla.

Falleció en Madrid en 1963, y con sus obras se fundó la Casa-Museo Benedito en Madrid.

Aunque su aprendizaje con Joaquín Sorolla pueda sugerir lo contrario, Benedito se mantuvo fiel a un estilo realista sobrio, de gamas más bien oscuras, bastante alejado del luminismo valenciano. En algunas obras tempranas se aproxima a la España negra de Ignacio Zuloaga y José Gutiérrez Solana, aunque habitualmente se mantiene en una corrección estética de fácil salida comercial. Trata temas costumbristas con notable habilidad técnica, aunque eludiendo los aspectos más ásperos. Sobresale su gran cuadro Volviendo de la cacería (colección Fundación BSCH), que fue elogiado por Apollinaire.

En su madurez se volcó en el retrato; para él posaron Alfonso XIII y Concha Piquer. Dentro de su buen nivel de calidad, son efigies convencionales, no muy originales. Más interesante es su retrato de Cléo de Mérode, obra juvenil bajo influencia del simbolismo.

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